Los incendios forestales en la trama urbano-forestal - Elementos para el análisis de la vulnerabilidad de los municipios y viviendas al riesgo de incendio forestal
En muchas zonas mediterráneas, el abandono de los conreos y la pérdida del paisaje en mosaico
debido a la recolonización del bosque durante las últimas décadas, está conllevando un nuevo
escenario de riesgo de incendios forestales, con la aparición de fuegos cada vez más virulentos. Este
echo se ve agravado por los efectos del cambio climático, y conjuntamente favorecen la aparición
de los Grandes Incendios Forestales (GIF), que pueden afectar extensas superficies de bosque en
pocas horas, propagándose a grandes velocidades. En esta situación, independientemente de si la
superficie que abarcan sea mayor o menor, se habla de incendios de alta intensidad o catastróficos
y que superan la denominada capacidad de extinción de los servicios de emergencia.
Paralelamente a esta dinámica de expansión del bosque, una gran cantidad de regiones del arco
mediterráneo han experimentado un importante desarrollo urbano dentro de zonas forestales
o en contacto con el monte, ya sea en forma de urbanizaciones o de casas aisladas. Estas áreas
de contacto entre el bosque y las viviendas se denominan zonas de interfaz urbano-forestal, y
están especialmente sujetas al actual riesgo de incendio forestal. Cuando un gran incendio se
aproxima en una zona de interfaz, genera una situación de emergencia debido a la capacidad
del fuego para penetrar en la trama urbana y propagar por su interior, como por los problemas
derivados de un ambiente dominado por el humo, como lo son la escasa visibilidad, las dificultades
respiratorias, el sobre estrés y los altos niveles de incertidumbre por parte de la población. Ejemplos
de estas situaciones de crisis están presentes en toda la cuenca Mediterránea, habiendo supuesto
desgraciadamente en algunas ocasiones la pérdida de vidas humanas.
En cuanto a la capacidad del incendio para acceder dentro de la interfaz, la problemática no se restringe
únicamente a las primeras viviendas en contacto directo con el bosque (las cuales quedan expuestas
al impacto de las llamas del incendio), también al interior de la urbanización, donde el fuego puede
propagar quemando las viviendas y los elementos del jardín. Este hecho se debe a que los incendios
de alta intensidad tienen la capacidad de generar pavesas, materiales vegetales incandescentes y de
pequeñas dimensiones que son transportados por la columna de humo a decenas o incluso centenares
de metros de distancia. La lluvia de pavesas puede ocasionar nuevos focos de fuego a mucha distancia
del frente principal del incendio. Con la aparición de nuevos focos, la distribución de las viviendas entre
sí puede favorecer la propagación del fuego por el interior de la urbanización, mediante los elementos
incendiables de los edificios y los jardines (muebles, cortinas ,pilas de leña, vegetación de jardinería, etc.).
Como resultado de todas estas circunstancias, nos encontramos ante un nuevo paradigma
donde los incendios ya no solo afectan la masa forestal, sino que también repercuten sobre
las viviendas y las personas. Consecuentemente, los medios de extinción deben priorizar y
proteger a la población y sus bienes ante el bosque, hipotecando un gran número de medios
y recursos de extinción para lograrlo; recursos que dejan de intervenir en la propagación del
incendio.
De este modo, los retos que se plantean para mejorar la gestión del riesgo de incendio forestal
y para mitigar la incidencia de los GIFs se centran en actuar, por un lado, sobre la capacidad
de propagación del incendio (relacionada con la cantidad de vegetación que puede arder) y,
por otro lado, en reducir la vulnerabilidad de las personas y bienes expuestos al riesgo de
incendio. En este sentido, sobre la capacidad de propagación del incendio se puede intervenir
reduciendo la densidad de árboles y la cantidad de vegetación forestal del sotobosque. Para
minimizar el riesgo en las personas y bienes, debe reducirse la vulnerabilidad de las viviendas
a ser afectadas por las llamas, y saber cómo actuar en caso de incendio.
Son habituales las disposiciones legales que regulan las medidas preventivas en las
inmediaciones de la interfaz urbano-forestal, como son la creación de una franja perimetral
exterior en las viviendas y urbanización, donde se reduce la vegetación con el fin de atenuar
la intensidad del fuego al impactar con las viviendas. Son menos habituales, en cambio, las
obligaciones específicas dirigidas a la propiedad individual (vivienda) sobre la jardinería y los
elementos constructivos exteriores de los edificios que permitan reducir el riesgo de incendio.
Disponer de herramientas que capaciten y faciliten la evaluación del grado de vulnerabilidad
a múltiples ámbitos (desde el nivel municipal hasta la propiedad privada) puede facilitar la
aplicación de medidas de protección y prevención más idóneas.